Olfato de bisabuelo: ¿hembra o varón?
Hace una veintena de años escribí para la sección Panorama, del periódico Adelante, un comentario en torno a las personas que diversificaban pronósticos acerca del sexo del bebé.
¿Quién no recuerda la conjetura popular de las tijeras y el cuchillo ocultos bajo un cojín? La incógnita es supuestamente despejada por el lugar en que se sienta la embarazada. Otras tradicionales formas de “predicción” han salido a la luz por estos días, como consecuencia del entusiasmo de familiares y amigos.
Como en aquella oportunidad, ahora confieso haber sido ente activo en algunos de estos juegos de acertijos: ¡Son las circunstancias! En esa ocasión, releyendo el libro de historia Las grandes culturas de la humanidad, de Ralph Turner, encontré un tema sobre la antigua matemática china. El milenario tratado no se ocupaba de problemas de aritmética, geometría y álgebra, sino de la adivinación del sexo del feto.
Con la exclusiva del método chino en las fraternales disquisiciones sobre el bisnieto por llegar, rememoré el recorte de periódico y apliqué lo siguiente: A la cifra 49 añadí el dígito del mes de posible parto y resté la edad de la madre. De la cantidad desconté, sucesivamente uno (por denominar al cielo), dos (la tierra), tres (el hombre), cuatro (las cuatro estaciones) y cinco (los cinco elementos).
Proseguí con la resta del seis (las seis leyes), siete (las siete estrellas), ocho (los ocho vientos), y nueve (las nueve provincias chinas). Cuando el resultado da impar será un hijo, y si es par, hija.
Amigos acudieron a mi “consulta china” en la que acerté la mayoría de las ocasiones. Hubo una pareja que por cuestiones de planificación quería un varón y me solicitó el momento más oportuno para concebir al bebé. “¡Ah, ustedes están locos!”. Sin embargo, con la venia de los avances indiscutibles de la salud pública, en la que están involucrados familiares, me confabulé con ellos… y acerté.
Tan curioso cálculo asiático me proporcionó una revelación por el advenimiento de mi primer bisnieto.
La ecografía me lo confirmó cuando al oído persistía el estribillo de la canción de los Van Van. “Y ¿qué será: hembra o varón?...”.
Se llama Ernesto, y gracias a él
cumplo dos años de bisabuelo.
Texto: José Gilberto Valdés
Aguilar , el bisabuelo de Ernesto .





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